miércoles, 20 de noviembre de 2013

SI MUERO ANTES QUE TU, HAZME UN FAVOR...


Si muero antes que tú, hazme un favor.

Llora cuanto quieras, pero no te enojes con Dios por haberme llevado, sino quieres llorar, no llores, si no logras llorar, no te preocupes.

Si quieres reír, ríe, si algunos amigos te cuentan algo de mí, óyelos y cree lo que te digan, si me elogian demasiado, corrige la exageración, si me critican demasiado, defiéndeme, si quieren hacerme un santo sólo porque me morí, di que yo tenía algo de santo pero estaba lejos de ser el santo que dicen, si quieren hacerme un terrible perverso, muestra que tal vez yo tuve algo de malo, pero que toda la vida procure ser bueno, y sobre todo que toda la vida trate de ser mejor.

Si sientes tristeza y deseas rezar por mí, puedes hacerlo, pues tal vez necesite tu oración, si quieres hablar conmigo, habla con Dios y yo te escuchare, espero estar con él lo suficiente para continuar siendo útil para ti, donde quiera que me encuentre, y si quieres escribir algo de mí, ojala lograras decir solo una frase, “Fue mi todo, creyó en mí y me adoró”.

Ahí entonces derrama una lágrima, yo no estaré presente para enjugarla pero no hace falta, pues tal vez, alguien lo hará en mi lugar, y viéndome bien sustituido, iré a atender mi nueva tarea en el cielo, pero de vez en cuando, da una escapadita hacia Dios, seguramente no me veras, pero yo estaré muy feliz viéndote a ti, mirando hacia él.

¿Crees en éstas cosas? Entonces, reza para que los dos vivamos como quien sabe que va a morir un día, y que podamos morir como quien supo vivir bien.

Si muero antes que tú, creo que nada voy a extrañar, porque ¿Sabes algo?, tenerte a ti ya era como tener un pedacito de cielo.


“No te metas en mi vida”





"NO TE METAS EN MI VIDA"

Recordaba una ocasión en que escuche a un joven decirle a su padre.

- ¡No te metas en mi vida!
Esta frase calo hondamente en mí, y me imaginaba yo siendo aquel padre y le respondía a mi hijo.

- Hijo, yo no me meto en tu vida, tú te has metido en la mía, hace 17 años llegaste a nuestras vidas, ocupaste nuestro tiempo, durante casi tres meses, mamá se sintió mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía y tenía que guardar reposo, los últimos meses, antes de que llegaras a casa, mamá no dormía y no me dejaba dormir, yo tenía que despertar temprano para ir a trabajar, sin embargo, me tenía que esforzar por ser paciente y ayudar a mamá a que se sintiera mejor, para que tu estuvieras bien.

Los gastos aumentaron tanto que gran parte de lo nuestro se gastaba en ti, en un buen médico que atendiera a mamá y la ayudara a llevar un embarazo saludable, en medicamentos, en la maternidad, en comprarte todo un guarda ropa, mamá no veía algo de bebé que no quisiera para ti, una cuna, un moisés, una carriola, todo, todo lo que se pudiera con tal de que tu estuvieras lo mejor posible. “No te metas en mi vida”.

Todas las enfermedades te dieron y nosotros tuvimos que suspender muchas de nuestras salidas, mamá ya estaba muy bien arreglada para ir a una reunión, yo estaba a punto de pasar por ella y me llamaba.

- Cambio de planes, el niño tiene temperatura, no podremos ir.

- “No te metas en mi vida”. Empezaste a caminar y yo no sé cuándo he tenido que estar más de tras de ti, si cuando empezaste a caminar o cuando creíste que ya sabías, ya no podía sentarme tranquilo a leer el periódico o a ver el partido de mi equipo favorito, porque te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te lastimaras.

“No te metas en mi vida”. Todavía recuerdo el primer día de clases, cuando tuve que llamar al trabajo y decirles que no podría ir, ya que tú en la puerta de colegio no querías soltarme y entrar, llorabas y me pedías que no me fuera, tuve que entrar contigo a la escuela, que pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado ese día en el salón para que fueras tomando confianza.

“No te metas en mi vida”. Del colegio recibía muy seguido notas, no hace caso, es indisciplinado, pelea con los demás, no quiere hacer sus tareas, se la pasa en los sanitarios, rayo la libreta de su compañerito, se lastimo un pie, se rompió una mano. Fuiste creciendo hijo y contigo fueron creciendo las aventuras, al grado que un día tuve que suplicarle al director que no te expulsara, ¿Te acuerdas?.

“No te metas en mi vida”. Seguiste creciendo, querías ir muy aprisa, te urgía conocer todos los lugares de diversión de la ciudad, apenas tenías 14 y ya querías ir a todas las fiestas de tus amigos que cumplían 15. Ya no querías que te lleváramos a tus reuniones, nos pedías que una calle antes te dejáramos y pasáramos por ti, una calle después.

No querías llegar temprano a casa, te molestabas si te marcábamos reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos desconocidos para ti.

Préstame el auto, me decías y me sentía el peor padre del mundo por no hacerlo, “no te metas en mi vida”. Cada vez se menos de ti, por ti mismo, y lo que se, es por lo que oigo de los demás. Ya casi no te gusta platicar conmigo, dices que nada más te estoy regañando y todo lo que hago está mal.

Mamá se la pasa en vela y no me dejar dormir diciéndome que no has llegado y que es de madrugada. Solo me buscas cuando hay que pagar algo o necesitas dinero para la escuela o para salir o peor aún, te busco yo, cuando tengo que llamarte la atención.

“No te metas en mi vida”. Hoy me han llamado y me han dicho, se ofrecerá una misa de acción de gracias para todos ustedes con ocasión que su hijo ha concluido sus estudios de preparatoria.

Tú me avisaste con desinterés, como si no te importara que yo asistiera, sin embargo para mí ha sido una gran noticia que me hace sentir muy feliz, ¿Cómo me lo iba a perder?

Y aquí estoy, hijo, yo no me meto en tu vida, tú te has metido en la mía y te aseguro que desde el primer día, hasta hoy, soy el hombre más feliz... ¡TE AMO, HIJO!